La cuenta corriente emocional

La cuenta corriente emocional

Nuestra vida está hecha de relaciones. Si recuerdo algunos de los momentos más bonitos de mi vida, en ellos había personas a mi alrededor que se alegraban por mi y compartían mi felicidad. Y cuando pienso en los momentos malos, también recuerdo a mi lado a personas que me apoyaban y sostenían, y a otras que no tanto… Sin duda, mi relación con las personas que estaban cerca de mi en cada uno de esos momentos hizo que yo lo viviera todo más intensamente, que lo disfrutara más (o menos)… Cada experiencia vivida tiene un matiz diferente dependiendo de las personas con las que estemos en ese momento.

Es curioso pero, a pesar de que las relaciones son tan importantes en nuestra vida, normalmente no nos educan para entendernos con los demás. En el colegio y la universidad nos enseñan a estudiar, a memorizar conceptos, ahora incluso se le da mucha importancia a saber hablar en público… pero no nos enseñan la importancia de entendernos de verdad con las personas que tenemos a nuestro lado. Sin embargo… ¿cómo cambiaría tu vida si pudieras estar con tu padre un ratito sin discutir? ¿cuánto darías por entender qué le ocurre a tu pareja? ¿cómo te sentirías si tu hijo adolescente por fin pudiera entender que sólo quieres ayudarle a ser feliz?

Stephen Covey habla en su libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva” de un concepto muy interesante para conocer cómo funcionan nuestras relaciones. Él lo llama la cuenta bancaria emocional.

Seguro que tienes alguna cuenta corriente en algún banco. En ella haces ingresos, pagas tus recibos, haces o recibes transferencias… cuidando siempre de mantener un saldo positivo para no entrar en números rojos. La cuenta corriente emocional es una metáfora que nos sirve para ilustrar el estado de nuestras relaciones. Todo lo bueno que nos ocurre en una relación, supone un ingreso en la cuenta corriente emocional. Y todo lo malo supone una retirada de fondos. Así, los reconocimientos, las muestras de cariño, la escucha sincera o los agradecimientos hacen que aumente el saldo de nuestra cuenta corriente emocional. Y disminuyen el saldo de nuestra cuenta las críticas, la mentira, los reproches, la falta de confianza…

Cada una de nuestras relaciones tiene su cuenta corriente emocional. En las relaciones con saldo positivo, las emociones positivas superan a las negativas y todo va sobre ruedas. Incluso es posible que, si nuestra cuenta tiene un saldo holgado, cualquier hecho negativo que pueda suceder se vea compensado por dicho saldo y todo siga funcionando bien. Pero cuando andamos muy justitos de saldo, cualquier hecho desafortunado como, por ejemplo, no recordar una fecha importante, puede dejarnos en números rojos y poner en peligro la relación.

Es interesante, por tanto, pararse un momento a valorar cuáles son los saldos de nuestras relaciones y ver qué estamos haciendo para realizar ingresos o minimizar pagos en nuestra cuenta corriente emocional.

Imagen cortesía de  digitalart en FreeDigitalPhotos.net.

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